martes, 13 de enero de 2009

Escudos humanos

No soy partidario de restringir la entrada a nuestro país de personas extranjeras, y cada día entiendo menos a quienes quieren expulsarlos. La razón es bien sencilla: los inmigrantes son el perfecto termómetro para los males que aquejan España, las primeras víctimas inocentes de las carencias de esta sociedad, una manera ideal de preparar las defensas por parte de los nativos. Son los que primero sufren el paro, los más afectados por la masificación de las prisiones y ahora, son las mujeres extranjeras, el siguiente objetivo del terrorismo machista, de las 76 asesinadas el año pasado, casi el 50% eran inmigrantes, cuando representan menos del 10% de las ciudadanas.

La Ley Integral contra la Violencia de Género endureció las penas y aumentó el número de maltratadores vigilados, sin embargo, la barbarie se ceba en los más desprotegidos y, si la sociedad española comienza a conocer sus derechos, lo astuto es ir a por el eslabón más débil: las inmigrantes. Donde una mujer maltratada recela de las autoridades por miedo a represalias del maltratador, una inmigrante será mucho más reacia, sobre todo en si se encuentra en situación irregular. Nuestros legisladores cargan con mano dura hacia los culpables, sin respetar si quiera la presunción de inocencia, pero a martillazos no se puede cambiar una sociedad. Amnistía Internacional ya presagió esta jugada de los violentos, ahora han movido ficha, y son ellas las que pagan, muriendo a manos de sus «amantes» en tierra ajena. Los agresores reescriben sus propias normas, profesionales de la psicología advierten que estos maltratadores se creen con la legitimidad para ello, sea con sudor, sangre o lágrimas. Por mucho que se endurezcan las leyes, poco se puede hacer, cuando ciertos valores están arraigados en el individuo y en la sociedad, como ha señalado Pilar López Díez, investigadora en Políticas de Violencia de Género. Un marco jurídico es parte integral de la solución, pero sólo alivia el problema.

La mujer está tomando nuevos roles en la sociedad, retando al statu quo, y muchos hombres anclados en el pasado se esfuerzan por mantener su hegemonía. Estos individuos poco o nada tienen que temer de la autoridad, pues piensan ser depositarios de la verdad. Una norma puede ser muy efectiva e inflexible, pero en este problema hay un fondo más complejo, que se encuentra en la base de nuestra educación, como se han molestado en denunciar los magistrados españoles. Es la sociabilidad de hombres y mujeres lo que ha de cambiar, día tras día, y no basta con una campaña publicitaria, por muy cruda que ésta sea, para modificar la simiente colectiva, no mientras el sexismo perdure en nuestras pantallas, en los productos, en las palabras o el quehacer diario. De nuevo, no necesitamos herramientas inquisitoriales que nos permitan purgar de estos contenidos nuestras vidas, todo ello puede cambiar si rechazamos por completo el sexismo, colectivos de mujeres maltratadas llevan años pidiendo planes de prevención y concienciación, los recursos paliativos no son suficientes. La violencia de género es el territorio de las ciencias sociales: psicología, pedagogía, sociología, antropología… Sólo entonces podrá ser efectivo el derecho.

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Víctimas mortales de la violencia machista separadas por nacionalidad en 2007 Como vemos reflejado en este cuadro, hay un enorme porcentaje de mujeres extranjeras víctimas morteles de la violencia machista, cantidad que se ha elevado en 2008.

Fuente: «Las mujeres en cifras: 1983-2008» Ed: Instituto de la Mujer, Ministerio de Igualdad, Madrid. www.migualdad.es/mujer

6 comentarios:

Paco dijo...

Esos datos se refieres a víctimas mortales, ¿no? sería interesante ver también los porcentajes de maltratadores, y es que las cifras cambiarían un poco, ya que da la impresión de que la violencia machista fuera más inherente a los inmigrantes que a los españoles, y aunque cada cultura sea sin duda muy influyente, la derecha pretende utilizar estas estadísticas en contra de la inmigración.

Por otra parte, la violencia machista se da en mayor medida en cuanto mayor es el nivel de pobreza, tanto por la mayor facilidad con que se perpetúan los roles entre los pobres como por las menores posibilidades de separación cuanto más baja es la clase social. Si bien la simiente del problema es cultural, su materialización es social, y a esto hay que atender también.

Adriano Díaz dijo...

Siento no haberlo dejado más claro en el cuadro. Sí, son víctimas mortales. Y lo de que "la violencia es inherente a los inmigrantes" es sin duda una argumentación más que arbitraria, ojo, que se que no es tuya.

Es mucho más probable, como tú dices, que sea fruto de la marginalidad, la indefensión jurídica, el desconocimiento de las leyes, etc. En el enlace que dejo en el artículo a la página de Amnistía Internacional aparece todo bien clarito.

Gracias, como siempre, por tus acertados comentarios, colega.

McAllus dijo...

Ciertamente son las partes baja de la sociedad los que peor parte se llevan y por desgracia muchos inmigrantes están ahí abajo...
Es una verdadera lástima que esto sea así...

Adriano Díaz dijo...

Saludos, Mc, al fin te has animado a comentar, me alegro mucho.

Respecto a este tema, en lo que yo pretendo hacer hincapié es precisamente la necesidad de tomar medidas definitivas y serias, que son las que llevan demandando mucho tiempo los colectivos implicados. Mediante la ley se castiga y penaliza, no es otra forma más de venganza. Si se busca la prevención y reinserción, se podrá subsanar el problema definitivamente.

McAllus dijo...

Por desgracia los gobiernos actuales jamás harán nada para cambir eso, seguirán castigando y punto. No habrá nunca una prevención real...

Esther Montero dijo...

Buenas,

no creo que esté en manos de los gobrenantes, ni de éste ni de ningún país, el decidir sobre nuestras propias conciencias y sobre lo que dentro de nuestras propias mentes, donde absolutamente nadie más que nosotros puede entrar, consideremos que está bien o mal, o que simplemente es aceptable, según las circunstancias.

Creo que para erradicar este mal, si es que algún día llega a pasar eso (y sé que es muy triste que lo diga precisamente una mujer, pero tristemente es lo que intuyo), tendría que darse un cambio colectivo en la mentalidad de las personas, en los valores, creencias y aprendizajes más profundos y de los que ni siquiera nos solemos percatar, pero algo así, tan profundo, no está en manos de ningún cargo político, quizá no está en manos ni siquiera de la propia sociedad en conjunto, sino que es algo que debe suceder en el interior de cada persona, como ser individual. Lo difícil o quizá imposible es lograr poner en marcha ese complejo mecanismo que es lo más profundo de cada ser, es encontrar ese estímulo externo que provoque ese cambio a nivel colectivo y al mismo tiempo...

Una utopía más...