domingo, 17 de diciembre de 2006

Rigor periodístico

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Pues es precisamente de lo que escasea en la profesión, rigor y compromiso. Hoy día, los «profesionales» de la información se dedican a copiar lo que unos tipejos desagradables se dicen los unos a los otros, dependiendo de la empresa donde trabaje el periodista. Así es la dictadura del leuro y el petrodólar, hay que vender periódicos y ganar audiencia, para que el boss se llene los bolsillos y haga lo que le salga de los bemoles. Si, al menos, fuera una tía, pero hoy por hoy es improbable que una mujer (al menos en España) ocupe un gran cargo en un medio de comunicación, dígase dueña, editora o directora, como mucho será jefa de una sección blanda, como la de suciedad, esto… sociedad. Si se forrase una mujer, te estarían sacando la sangre de un modo antidiscriminatorio o paritario, pero siempre son las mismas cucarachas las que se enriquecen, con perdón para las cucarachas.

Afortunadamente, encontramos, en este repodrido y purulento mundo de los medios, algunos profesionales comprometidos. Parece que el compromiso y la implicación no casan con el concepto de periodista objetivo, ¿verdad? Pues no, de ningún modo, pero ¿quién es tan estúpido como para creer que los periodistas son objetivos? Al menos, si te van a lavar el cerebro, que sea por una buena causa que tú hayas elegido, no para que simpatices con el gracioso payaso de las hamburguesas. A las secciones de opinión se las llama «periodismo de solicitación de opinión», y sirven para mostrarnos a nosotros, ¡oh, penosas criaturitas ignorantes!, lo que se cuece en la realidad social. Bajo mi punto de vista, todo el periodismo es solicitación de opinión, pues, desde que sintonizas una emisora o compras un periódico, sabes cómo te van a enfocar la noticia. Así que, menos rollo y más manteca al bollo, no os traguéis lo del periodismo «serio», que no existe (ni creo que haya existido nunca), aquí sobran periodistas serios y faltan periodistas comprometidos.

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Pues bien, a lo que iba, voy a presentaros un pedazo de periodista, riguroso, comprometido y con una gran conciencia social: JUAN CARLOS BODOQUE. Este conejo rojo, que vemos en la foto con su colega García Márquez, es un ídolo de masas. De origen chileno, comenzó a trabajar en el informativo 31 Minutos, presentado junto a otros compañeros peluches, emitido por la Televisión Nacional de Chile y el canal Nickelodeon latinoamericano (aunque en éste último canal les censuraron algunos capítulos, los muy mamonazos). Bodoque es el responsable de la nota verde, una sección donde nos informa de temas relacionados con el medio ambiente. Junto a nuestro querido Bodoque participan en el programa otros periodistas no menos talentosos, como Mico el Micrófono, encuestador, o Tulio Triviño Tufillo, presentador oficial del programa. Es un espacio dirigido al público infantil, pero del que sabrán disfrutar los adultos inteligentes y de buen gusto. Está cargado de ironía y acidez, además de que se apañan con cuatro duros, cosa más meritoria todabía. El programa incluye otros apartados donde os podréis deleitar de igual modo, uno de ellos, el Ranking Top Top Top musical presentado por Policarpo Avendaño, donde escuchareis la música más molona del momento, temas que dejan mediocridades como Avalancha a la altura de una babucha. También podréis poner paz en vuestras almas agitadas con las aventuras de Calcetín con Rombos Man, superhéroe total y definitivo, que lucha contra su maligno adversario Calcetín con Ramones Man.

Pues vamos a fliparlo orgásmicamente con 31 Minutos, que es una pasada de nuestros colegas chilenos, más quisieran los Lunnis tener tanta agudeza. Ahí os dejo el temazo Bailen Sin Cesar, para que viváis un momento más intenso que comerse un Mágnum.




Por cierto, ahora que hablamos de Chile, felicidades a Pinocho por animarse a morir, aunque hubiéramos preferido que fuera en prisión, esperemos que se encuentre con el señor Frasquito en el cielo de los gilipollas. En contrapunto, todavía queda gente en Chile que son partidarios de la momia fascista. A ver si se autolobotomizan o donan sus cuerpos a la ciencia, ¡en vida!

sábado, 16 de diciembre de 2006

¡Hola a todos!

Saludos, este es mi primer mensaje en mi primer blog, espero que os guste. Os agradezco que escribáis cualquier cosa se os ocurra, siempre es hermoso saber la opinión de un amigo, así que no os cortéis. Personalmente, nunca me han gustado estas cosas, me refiero a todo lo que es on line, soy un firme defensor de hacer todo cara a cara, pero tampoco un enemigo de las nuevas tecnologías, que tanto han contribuído en nuestras vidas. Sin embargo, hoy día no eres nadie si no te embarcas en el uso de estos nuevos recursos. Todo el mundo se ríe de la tecnoignorancia, ¿no sabes usar una PDA, móvil de última generación con cámara y bluetooth o no tienes un blog donde colgar tus eyaculaciones mentales? Pues todos te mirarán por encima del hombro, a sabiendas de que hay monos de laboratorio más puestos que tú. Así que, yo no voy a ser menos que nadie, mucho menos que un primate, para eso ya está Enrique Búmbury, y publicaré en internet un erudito blog con mis múltiples chorradas, para contribuir con la polución informativa y la heterogeneidad de inutilidades que abundan en la red.

Para empezar a colmar vuestras mentes de conocimiento inútil, voy ha hablaros de una experiencia sensual que viví en uno de mis viajes a México: LA CATA DEL PULQUE. ¿Y qué coño es el pulque? Bien sabe Dios que el mundo está lleno de bebidas alcohólicas que nublan nuestras mentes, el pulque es una de ellas, de las más ricas, dicho sea de paso. Nutritivo, exquisito y alcohólico, este blanquecino y espeso néctar echa para atrás, de primera hora, dada su consistencia y aspecto, que evoca ciertos fluidos masculinos. No obstante, esto no ha de asustarnos, sobretodo porque llevamos comiendo plátanos, pepinos y nabos toda la puta vida y no nos vamos a poner exquisitos ahora, que nos ha costado un dinerillo el viaje a México. La primera vez que me ofrecieron un vaso de pulque, pensé: -mierda, como esto sea una broma, no me va a hacer gracia-. Afortunadamente, no lo fue, así que me eché al gaznate el denso líquido blanquecino y, ¡oh! ¡Qué sorpresa! No sabe tan mal. Y digo, «tan mal», porque al principio es normal de que os sepa regularcete, sin embargo, trago tras trago, le vas cogiendo el gustillo a la cosa, y es que el pulque, como todo en la vida, al principio no mola nada, pero luego, no veas que vicio le pillas (excepto al fornicio, que eso mola desde el primer contacto). Bueno, pues tras unos vasillos de pulque, ya andaréis mamados, con suerte también borrachos, y os parecerá cosa fina, pues es una de las bebidas más exquisitas que han surgido de un vil matojo, el maguey. Y es que, del maguey, en México, es como en España con el cerdo, que se aprovechan hasta los andares. ¡Menudos andares da el pulque! Recuerdo una mañana, desayunando, en compañía de mis queridos suegros, metiéndome entre pecho y espalda mis pulcazos y mi barbacoa con salsa verde. ¡Cómo adoro mi otra patria!

Ahora comprenderéis el infame título de mi blog. No podía ser de otro modo. Por ello, ahí os dejo una instantánea de la careta que se me quedó cuando engullí mis primeros tragos de pulque, aunque fue en vaso y no en lata, como sale en la foto, pero los rasgos son tales y como se muestran. Para el lector ávido de conocimiento etílico, dejo este enlace con más información sobre la deliciosa bebida, aunque lo mejor es animarse a probarla para deleitarse con su exquisito sabor. Close and personal.